Imperfecta por naturaleza
y víctima del síndrome de la reflexión,
me debato entre la vida del alma ó la muerte del yo.

La sociedad nos empuja a la autodestrucción.
Nos abastece de estereotipos,
de modelos a seguir,
de pautas,
de ejemplos con los que anular nuestra inspiración
y paliar nuestra sed de reflexión.

Marionetas de un mundo neutro,
donde no hay lugar para los sentimientos,
donde la razón se impone al corazón
y al tránsito de lo que ya no es nuestro.

Almas contrariadas,
ancladas en el tiempo al mástil del silencio,
buscando su lugar en este infierno
del que fueron desterradas para no seguir viviendo.
El cuerpo vive pero la mente estalla.

Empieza la batalla.
Yo elijo vivir, porque morir, me mata.
Si tu elijes morir, entonces,
la vida no vale nada.

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